La Alhambra, la joya de Granada

La Alhambra era una fortaleza árabe construida mientras los moros (musulmanes del norte de África) aún reclamaban esta parte del sur de España (Al-Andalus), ya en el siglo XIII. “Alhambra” es una traducción al español de las palabras árabes “qa’lat al-Hamra“, que significa “castillo rojo“. La importancia de calificativo “rojo” es fácil de ver, ya que proviene de la piedra roja polvorienta que se utilizó para construir los gruesos muros alrededor del castillo, que se esconde detrás de los muros de color rojo sangre y está enmarcado contra los picos nevados de la cordillera de Sierra Nevada, a cierta distancia.

Debido al potencial estratégico excepcional del sitio de la Alhambra, se ha utilizado como ubicación para una fortaleza desde aproximadamente el siglo IX; sin embargo, la parte más gloriosa de la historia de la Alhambra fue su tiempo bajo los emires nazaríes de los siglos XIII-XIV. Yusuf I y Mohammed V construyeron las secciones más bellas del complejo, los Palacios Nazaríes, destinadas a la vida diaria y al alojamiento. Después de que los monarcas cristianos españoles derrotaron a los moros y capturaron Granada en 1492, utilizaron la Alhambra como su propio palacio, agregando secciones y destruyendo otras, incluida, por desgracia, una parte importante de los Palacios Nazaries.

Además de esto, todo el sitio cayó en mal estado significativo en la década de 1700, y solo fue puesto bajo protección como monumento internacional alrededor de 1870. Felizmente, hoy en día, la Alhambra está bien cuidada como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Los Palacios Nazaríes son el punto culminante de cualquier visita a la Alhambra; es el edificio musulmán más bello de Europa, y se encuentra en excelentes condiciones, considerando que fue construido en el siglo XIII y ha sufrido años de abuso desde entonces. Los Palacios contienes hermosos patios llenos de agua con gas; cámaras altas y frías llenas de intrincados mosaicos geométricos árabes, y elaboradas antecámaras, llenas de estucos grabados en paredes oscuras. El Mexuar es el primer salón al que entrarás y te prepara para la majestuosidad del resto del palacio; está atravesado por altas columnas de madera y hermosas paredes de azulejos árabes en las paredes. Desde esta habitación, caminarás por el Patio del Cuarto Dorado, básicamente una pequeña y ventilada conexión entre los dos cubículos; al otro lado está el Cuarto Dorado, en referencia a los techos de estuco enormemente ornamentados con tonos aúreos.

Al caminar por este patio de conexión, ingresará al Palacio de Comares; es una colección de majestuosas habitaciones, todas reunidas alrededor de un patio central lleno de árboles (el Patio de los Mirtos). Era el palacio más importante de la Alhambra, ubicación del trono de Yusuf I. El magnífico Salón de Embajadores es la sala del trono y, si miras hacia el techo, podrás ver detalles ornamentados en la madera, que representa los siete cielos islámicos, a través del cual un alma debe ascender después de la muerte. La última parada, y la más magnífica, es el palacio contiguo construido por Mohammed V, el Palacio de los Leones. Este palacio está ubicado alrededor del mundialmente famoso Patio de los Leones, un hermoso patio donde el agua gotea de las bocas de 12 leones de mármol.

Genil y su puente romano, testimonio de la historia

Lo primero que uno suele pensar al escuchar el nombre de Granada es en su pasado árabe, que realmente caló mucho en todo su territorio, ya que este pueblo pasó la gran mayoría de su etapa en España afincado justo en esas tierras. Y es cierto, la cultura árabe marcó mucho la sociedad de ese entonces, y mucho más en tierras andaluzas, como no podía ser menos después de 800 años de estancia en la Península. Pero créeme, Granada no es sólo musulmana, porque hubo una gran cantidad de pueblos que también vivieron allí, y dejaron su marca de un modo u otro.

La cuenca de los ríos son zonas que siempre cuentan la historia de primera mano, pues suele ser junto a ellos donde cualquier pueblo que llega a un nuevo territorio empieza a crear una comunidad. El río Genil, que nace en las montañas de Sierra Nevada y acaba desembocando en el Gualdalquivir, es un buen ejemplo de ello, pues ha sufrido este fenómeno en sus tantos kilómetros de cuenca. Numerosos núcleos de población surgieron junto a sus orillas, y por supuesto también junto a ellas se construyeron puentes, una nexo imprescindible para unir las poblaciones de una y otra rivera.

El puente romano del río Genil a su paso por Granada es una muestra perfecta de estas construcciones tan útiles como hermosas y duraderas. Lo mejor del caso es que este puente, que en la actualidad puede ser atravesado solamente por peatones, es en su mayoría de manufactura árabe, bien documentada su construcción en los archivos históricos de la ciudad. Sin embargo, gracias a sus arcos, son muchos los expertos que creen que se construyó bajo las ruinas de un homólogo de la época romana; y aunque no fuera así, eso es lo que ha quedado en el imaginario de los habitantes de la zona, que lo ha llamado así durante muchos siglos, y lo sigue llamando en la actualidad.

No es el único ejemplo, sin embargo, de un puente de estas características en la Comunidad andaluza. Otro también muy famoso, por su tamaño y su belleza, es el puente romano de Córdoba, que cruza el Guadalquivir en su pasa por esa ciudad; también existen otros en otras provincias, como el de San Pedro de Alcántara, el de Medina-Sidonia, el de Carmona o el de Villa del Río.