Los barrios de Granada, historia viva

Como Granada es una ciudad que tiene raíces árabes, judías y cristianas, una de sus mayores atracciones para el turista que esté interesado en la parte artística de la ciudad es precisamente su distribución urbana. Propio de todas estas culturas era el organizar sus núcleos urbanos en otras comunidades más pequeñas, lo que llamamos barrios, seguramente para que su administración fuera más sencilla, pues hablamos de una ciudad de miles de habitantes durante muchos siglos de su historia.

Si estás interesado en hacer una visita a la ciudad de Granada, quizá esta guía de barrios te resulte útil, aunque no sólo a nivel histórico. Recuerda que va a encontrarte con lugares con poca densidad de población, de calles estrechas y casas altas, donde de pronto puede aparecer una plaza, y llenos de rincones por descubrir… Vamos, que muchos de estos barrios podrían resultar ser los mejores picaderos de Granada, a poco que se esfuercen. Claro está, puede que tú prefieras otra clase de sitio para mantener relaciones sexuales, como polígonos, carreteras secundarias, o moteles donde poder encontrar algo de discreción; pero si realmente quieres sentir la magia de la ciudad granadina, y montártelo con alguien con el morbo añadido de estar en una de las ciudades más antiguas del mundo, yo no dudaría en ver estas zonas con una visión un poco pornográfica. Ahí lo dejo…

En fin, vamos entonces a lo nuestros, y no dejes de visitar estos lugares:

  • El barrio del Albaicín es una de las partes más antiguas de la ciudad y está formado por una red de calles empinadas y sinuosas y pequeñas plazas, muchas de ellas con maravillosas vistas de la famosa fortaleza del palacio, con la Sierra Nevada al fondo. El más conocido de los miradores es San Nicolás, y es un gran lugar para tomar una copa por la noche, mirar a la Alhambra y, si tienes suerte, escuchar algo de guitarra flamenca o española.
  • Más allá del Albaicín se encuentra el barrio más pintoresco de Granada, el Sacromonte, llamado así por la abadía del siglo XVII en la cima del cerro Valparaíso, que bien merece la pena visitar. Es conocido como el barrio gitano, y es notable por las casas cueva encaladas construidas en la colina, y por ser el mejor lugar de la ciudad para el flamenco .
  • El Realejo es el antiguo barrio judío de la ciudad, y como el Albaicín al otro lado de la Alhambra, tiene muchas calles empinadas y laberínticas, con casas encaladas y cármenes. El más famoso de estos, el Carmen de los Mártires , está abierto al público y disfruta de hermosas vistas de las llanuras, la ciudad y Sierra Nevada. Sube al Campo del Príncipe para ver los bares y restaurantes, y camina de regreso pasando la Casa de los Tiros, la Antigua Capitanía y el Convento de las Mercedarias hasta la calle San Matías, otro lugar con muchos lugares para comer y beber.

El Monasterio de la Cartuja de Granada

El Monasterio de los Cartujos de Granada, también conocido como La Cartuja de Granada, es uno de los mejores ejemplos del barroco en España. Este monasterio fue habitado por monjes cartujos, una orden religiosa que fue fundada en Francia por San Bruno en 1804, en Chartreuse. Los monjes cartujos practican la austeridad; viven sus vidas en riguroso ayuno y silencio y dedican su tiempo a la oración, el estudio y el trabajo manual. Los cartujos tenían hasta 24 monasterios en España; hoy en día hay 4 monasterios habitados por los monjes, en Burgos, Valencia, Barcelona y Zaragoza.

El Monasterio Cartujo de Granada, comenzó a construirse en 1516 por mandato de Gonzalo Fernández de Córdoba (el Gran Capitán) y terminó a mediados del siglo XVIII; los monjes vivieron en este monasterio hasta 1835. Algunas partes del monasterio se han perdido, como el gran claustro; sin embargo, otras partes están en excelente estado de conservación.

En la entrada, hay un camino empedrado en blanco y negro que conduce a una fantástica escalera hecha por Cristóbal de Vílchez; en la parte superior de la fachada hay un escudo de España y una imagen de San Bruno en mármol blanco. El claustro es el centro del monasterio y desde allí una gran cantidad de puertas comunican todo el monasterio; desde algunos de sus ángulos se puede ver la torre de la iglesia. Desde el refectorio se puede acceder a una habitación pequeña, generalmente con una fuente, donde los monjes se lavaban las manos antes de comer. La sala de este monasterio, hoy sin fuente, está decorada con un retablo de Sánchez Cotán que representa a los apóstoles San Pedro y San Pablo. Otras pinturas también de Sánchez Cotán representan la construcción del primer monasterio cartujo, dos obispos cartujos y la virgen con el niño.

El templo es de estilo de una sola nave, dividido en tres partes. La primera para la gente del pueblo, la segunda para los no profesionales y la tercera para los monjes. La sala está decorada con cuadros de Sánchez de Cotán; las puertas están decoradas con conchas, marfil, plata y ébano por José Manuel Vázquez. Las paredes están lujosamente decoradas e incluyen estatuas que rodean seis pinturas que describen la vida de la Virgen. El altar mayor está decorado con madera y espejos.

Detrás del altar principal y separado de la iglesia por una puerta de cristales venecianos, puede encontrarse la sacristía. En la sacristía, la arquitectura, la pintura y la escultura se fusionan creando una de las creaciones más bellas e impresionantes del barroco español; fue construida por Francisco Hurtado Izquierdo entre 1704 y 1720.

Un pequeño piso cuadrado soporta un torbellino de energía, que se eleva hacia arriba con la intención de exaltar el tabernáculo, en el cual yace el cuerpo de Cristo. El baldaquín central y los pares de columnas en las esquinas avanzan y se proyectan hacia el centro de la habitación. Dos figuras pintadas en la parte superior de cada una de las jambas de las puertas muestran el camino a seguir.